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Marrakech, una ciudad de contrastes

Suena la música de artistas callejeros en la plaza de Djamaa al Fna, te adentras por las calles del zoco y los vendedores te atosigan con ofertas, sigues andando y llegas a la zona de las especias. Allí un tendero te invita a descubrir sus productos milagrosos y entonces llega el relax de una taza de té junto con la explicación.

-el ámbar, el jazmín, el almizcle, todo perfumes naturales. La mirra y el incienso natural. Las 35 especies, el azafrán barato, curry de Marruecos mucho más suave…- te enumeran una interminable retahíla de productos con virtudes sorprendentes. Si te interesas por algo empieza el juego.

-80 dirhams el botecito de aceite cosmético de argán.

-no, uy que caro, 30 dirhams.

-no, no, españoles bancarrota- mira con cara condescendiente- 70 dirhams- Todo esto en una mezcla de francés, español e italiano. El juego dura todo lo que tú quieras.

Zoco de las especias

Vuelves de nuevo a la jungla esquivando bicicletas y motos pitando para que nosotros, peatones despistados, nos apartemos.

-¿Taxi? ¿Una cerveza?¿calesa?¿Hamman?- intentan acompañarte a restaurantes, hoteles, bares, pararte un taxi… con tal de que les des una propina. Ellos van delante y tú los sigues a unos metros de distancia. -Es por la policía – nos explican – si nos pillan con turistas nos meten en el calabozo, a no ser claro, que les pagues 50 dirhams-.

Cedemos a sus propuestas y elegimos el hamman. Comienza entonces el relax más absoluto, una chica te baña con su jabón negro, tirándote cubos de agua caliente, luego viene el gommage (exfoliación) y por último una hora de masaje. Salimos justo a las 7 de la tarde y nos cruzamos en la entrada con todos los hombres esperando, comienza el horario masculino, es su turno. Pagamos 250 dirhams, barato para los precios europeos, pero no tiene nada que ver con sus hammanes auténticos. Los marroquíes los utilizan para asearse y pagan menos de 1 euro, llevan sus propios utensilios: esterilla de plástico, su propio jabón negro, el guante para el gommage, toalla, sandalias… y si quieres que alguien te exfolie le pagas una pequeña propina.

Puestos en la plaza de Jaama el Fna

Al salir flotando, justo en la plaza de Jamaa el Fna, el contraste es brutal. De nuevo el bullicio, las motos con varios ocupantes pitando, tienes que esquivar a las tatuadoras de henna, huyes de los encantadores de serpientes que te piden dinero por hacer fotos… Llegas a los puestos de comida que ya han instalado en la plaza y eliges uno. Hay que decantarse por el más concurrido siempre, te aseguras que la calidad es mejor que el resto. El 31 y el 32 están llenos. Esperamos. Los asientos, bancos corridos, rodean unos fogones donde cocinan unas 6 o 7 personas. Los platos sucios los meten en cubos de agua sucia llena de más platos sucios. Mejor no pensar. Nos acordamos de la recomendación: no utilizar cubiertos, comer con los dedos o con el pan. Leemos la carta y elegimos salchichas y tajine de pollo. Aquí no hay manera de relajarse, según como sople el viento te llega el humo de los fogones, el codo del de al lado se clava en el tuyo y detrás de ti tienes gente esperando su comida que de vez en cuando empuja. Terminamos. Hemos comido por 100 dirhams dos personas, barato, pero creemos que no tanto como los precios que les cobran a la gente del país.

Comiendo en el puesto 31

Y no son los únicos contrastes de esta ciudad sorprendente. Guiris con shorts pasan al lado de mujeres inexistentes, totalmente tapadas… ellas no se sientan en los cafés, sin embargo en la intimidad del hamman se vuelven dicharacheras. Burros y calesas conviven con todoterrenos última generación, cruzas pasos de peatones esquivando coches (el truco está en hacerlo cuando cruzan ellos, sin llegar a entender muy bien su ley) y llegas al jardín Majorelle, una especie de oasis en medio de Marrakech.

Es el encanto de una ciudad de la que vuelvo con más ganas. Quiero repetir para conocerlos un poco más porque tengo la sensación de que el choque cultural ha hecho de este primer contacto algo superficial, y que muchos de ellos y sus necesidades económicas, ven en el turista tan sólo euros y no muestran su verdadera esencia.

Eso sí, hay parte de su cultura que no puedo compartir. Es el segundo plano que ocupa la mujer, aunque gracias a alguna conversación, me he enterado que empiezan a tener oportunidades reales. Espero que algún día llegue el gran cambio.

Lo que hay que ver y lo bonito de Marrakech os lo cuento en otro post, que este, de impresiones, se hace largo.

8 comments

  1. MUY MUY CHULO!!!!

    SI REPITES AVISAME!!!

    MUAK

  2. Hola Paula,

    Felicidades por el blog !!

    Tu post me trae buenos recuerdos del viaje que hice ya hace unos años a Marrakech.

    Saludos y sigue contando.

  3. gracias por la currada q os habeis pegado,espero q me sea util,el sabado salimos para Marrakech.

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