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El mercado junto a la catedral de Le Mans
El mercado junto a la catedral de Le Mans

Más de (/que) 24 horas en Le Mans y La Sarthe.

A veces los mitos nos impiden ver más allá. Es el caso de Le Mans. Su carrera de las 24 horas eclipsa a la ciudad y al departamento de La Sarthe. Sin embargo, existen muchos motivos que justifican una visita, entre ellos, los paisajes verdes, sus castillos y la ciudad en sí. Nuestro destino: Le Mans y el departamento de la Sarthe.

En bici por La Sarthe

Le Mans es la capital del departamento de La Sarthe, en la región del País del Loira. Está a mitad de camino entre Nantes y París, a unos 200 kilómetros de cada una de ellas, así que lo primero es volar hasta alguna de las dos ciudades. Hay muchas compañías que nos acercan a la capital, en el caso de Nantes, Iberia Express tiene rutas Madrid – Nantes los viernes y domingos.

Una vez allí, y como nos vamos a mover bastante, podemos alquilar un coche, aunque si no nos asusta hacer deporte, la bicicleta es una buena aliada.

Existen 400 kilómetros de itinerarios ciclistas por la provincia que unen los principales puntos de interés. Y con grandes facilidades, porque hay muchos establecimientos adheridos a la iniciativa cicloturista. Son alojamientos, oficinas de turismo, restaurantes… que tienen en cuenta las necesidades específicas de estos viajeros. Por ejemplo, antes de salir, por la mañana, se puede encargar por teléfono un picnic en la panadería del pueblo donde tengamos pensado parar a comer.

Además de esos 400 kilómetros por la provincia, La Sarthe a Vélo conecta con otros itinerarios ciclistas: los del Valle del Loira y el Véloscénie que une París con el Monte Saint-Michel. Más información en su web.

Ahora le ponemos el candado a la bici porque lo que toca es caminar por la capital de La Sarthe: Le Mans.

Le Mans. Una película de más 7.000 años.

Las calles de Le Mans

Las calles de Le Mans

Le Mans es la ciudad del cine. Aquí se han rodado películas como “Cyrano de Bergerac” con Gérard Depardieu, “Que empiece la fiesta” o algunas escenas de la “Máscara de Hierro”. Todo empezó en 1958 con “El chivo expiatorio” de Robert Hamer y, desde ese momento, fue un no parar. Los precios y la belleza de la ciudad son dos de los motivos que llevan a los cineastas a extender sus bártulos por Le Mans para rodar, sobre todo, películas y series de época.

Además, cada noche de verano, la ciudad protagoniza su propio film con la “Nuit de Chimères”, un espectáculo de luz y sonido que colorea las paredes históricas de Le Mans.

El menhir. Cuidado con tocarlo.

El menhir. Cuidado con tocarlo.

Una historia que se remonta milenios atrás y que cuenta con un buen testigo, un menhir construido entre los años 4000-5000 a.C. que observa, junto a la Catedral, cómo transcurre el tiempo. Por Le Mans pasaron pueblos prehistóricos, romanos, la dinastía Plantagenet… todos dejaron su impronta y, hoy, la ciudad es un conglomerado de civilizaciones. Lo vemos en la muralla romana, en el trazado de las calles, en la Catedral, en la diversidad de sus edificios…

La muralla romana, construida entre los siglos III y IV, rodea gran parte de la ciudad antigua y es una de las mejor conservadas del mundo tras las de Roma y Estambul. Aunque, en el Edad Media se añadieron algunos muros, las paredes romanas conservan una decoración geométrica exquisita.

La romana muralla de Le Mans

La muralla de Le Mans

Si pasamos intramuros por alguna de sus puertas, nos encontramos con un trazado medieval de calles estrechas y empedradas, con guardarruedas colocados para evitar que los carruajes dañansen la estructura de las casas.

Es un conjunto homogéneo donde nada desentona y muy bien preservado. De hecho, en las últimas décadas, las tradicionales viviendas con entramados de madera de los siglos XV y XVI, algunas incluso del XIV, se están pintando con la viveza de los colores medievales y sus puertas y ventanas reflejan los tonos de antaño: azules, rojos y verdes. Una curiosidad: las piezas de estas casas de madera se fabricaban en talleres y, cuando estaban listas, la casa se montaba en un par de semanas. ¡Y siguen en pie 500 y 600 años después!

Casas con entramados de madera en Le Mans

Casas con entramados de madera en Le Mans

Más detalles. Algunas esquinas conservan viejas columnas de madera que estuvieron destinadas a que la gente se orientase en la ciudad ya que no existía el sistema de calles y números que conocemos. Por ese mismo motivo algunas construcciones colocaban encima de la puerta una figura que simbolizaba una característica del propietario.

Estas casas, hoy en día, se usan como viviendas, restaurantes o museos, como el Museo Berenguela que ha aprovechado tres edificios colindantes para instalar sus exposiciones con objetos del arte popular de la zona (cerámicas, esmaltes, mobiliario…).

También en los siglos XV y XVI se construyeron varias casas mansiones renacentistas. Nos ha llegado una veintena, entre ellas el Grabatoire, sede actual del obispado.

Y la ciudad siguió evolucionando. En la Edad Clásica se levantaron abadías, conventos y mansiones, y durante los siglos XVIII y XIX, espacios verdes, jardines y paseos. También de esa época, de finales del XIX, es el túnel construido por Eugène Caillaux.

La Catedral de San Julián

La Catedral de San Julián

Pero vamos a centrarnos ahora en un edificio construido a lo largo de los siglos: la Catedral, una de las más grandes de Francia. Está dedicada a San Julián, el santo que se encargó de cristianizar le Mans en el siglo IV, y fue levantada entre los siglos XI y XV, de ahí la mezcla de estilos románico y gótico. A pesar de esta diversidad, el templo transmite una imagen unitaria gracias a la piedra rosada con la que fue construido. Además de la arquitectura destacan en su interior el conjunto de vidrieras y entre ellas la de la Ascensión, datada en el siglo XI y la más antigua que existe en un templo francés.

La vidriera del siglo XI

La vidriera del siglo XI

Por otro lado, en las bóvedas de la Capilla de La Virgen, existe una pintura del siglo XIV que representa un concierto celestial con 47 ángeles. Uno de ellos hace sonar una especie de ajedrez, un instrumento que debió existir en la época y del que se conoce más bien poco. Estos ángeles de la catedral son los que abandonan las dos dimensiones durante el verano y escapan de los muros para inundar de luz y de música la “Noche de las Quimeras”.

Ángeles en la catedral de Le Mans

Ángeles en la catedral de Le Mans

La catedral ha sido testigo de grandes acontecimientos históricos como el funeral de la reina Berenguela de Navarra o la boda entre Geofredo el Bello y Matilde, la heredera del trono inglés, en 1128. Un enlace de gran importancia ya que con él surgió la dinastía Plantagenet que gobernaría durante dos siglos y medio Inglaterra. De ahí que a Le Mans se la conozca como la ciudad Plantagenet.

Junto a los muros de la catedral está el menhir del que hablábamos al principio. Según la leyenda, tocarlo da buena suerte pero otra versión lo relaciona con la fertilidad y dice que si metes el dedo en un agujerito que hay en medio, ese año te quedas embarazada. ¿Suerte o embarazo? Si eres hombre, pruébalo.

Después de esta parada en el menhir de la fortuna. Seguimos con la ruta. En este caso toca salir de Le Mans para acercarnos a la abadía cisterciense de L’Epau, a 3 kilómetros.

La abadía de L’Epau.

La abadía cisterciense de L'Epau

La abadía cisterciense de L’Epau

Centro cultural, edificio histórico y espacio verde. La abadía cisterciense de L’Epau se encuentra enclavada en un entorno de 13 hectáreas que colinda a la vez con otros parques. En el terreno que le pertenece se celebran conciertos, eventos y se exhiben exposiciones ya que el edificio, sin culto desde la Revolución Francesa, alberga el Centro Cultural de la Sarthe.

Fundada por Berenguela de Navarra en 1229, L’Epau es uno de los mejores ejemplos de arquitectura cisterciense de toda Francia. La tumba de su mecenas, casada con Ricardo Corazón de León, se encuentra en la misma abadía y está llena de detalles.

Berenguela de Navarra en L'Epau

Berenguela de Navarra en L’Epau

En la visita recorremos la iglesia con enormes arcos apuntados, la sacristía, la zona de dormitorios de los monjes y salimos al claustro, un claustro que solo está rodeado por dos lados porque el resto de los edificios de la abadía se destruyeron hace tiempo. Y es que la historia no se ha portado demasiado bien con este lugar. Sufrió mucho durante la guerra de los 100 años, tuvo que ser reconstruida y, después de la Revolución Francesa, fue troceada y repartida entre ganaderos y agricultores que la usaron para su trabajo.

Hoy en día pertenece al departamento de La Sarthe que se encarga de conservarla y de programar sus eventos.

La resistencia se mide en 24 horas (en Le Mans)

El circuito de La Sarthe

El circuito de La Sarthe

El circuito de La Sarthe es conocido en todo el mundo por la carrera de 24 horas que se celebra en él. El espectáculo se remonta al año 1923 pero la pasión de Le Mans por los medios de transporte y la tecnología viene de más lejos.

En esta ciudad, a finales del siglo XIX, se creó L’Obéissante, el primer coche a vapor. Su ideólogo Amédée Bollée viajó para testarlo entre Le Mans y París y en el trayecto recopiló 70 multas. A comienzos del siglo XX se fundó el Automóvil Club del Oeste y para testar los coches crearon una carrera de resistencia. Es el origen de las 24 Horas.

Desde ese momento, y salvo una interrupción durante la Segunda Guerra Mundial, la carrera se celebra cada mes de junio. Le Mans se llena de amantes del automovilismo que acuden a esta gran fiesta que el año pasado llegó a concentrar a unos 250.000 espectadores.

Las 24 horas de Le Mans no es la única competición que acoge este circuito de 13 kilómetros. También hay pruebas de resistencia de motos, camiones, patines… o Le Mans Classic, una exhibición de coches clásicos que se celebra durante 24 horas cada dos años.

Museo de las 24 horas de Le Mans

Museo de las 24 horas de Le Mans

Fuera de los eventos, en Le Mans se puede visitar la Porsche Experiencie y el museo de las 24 horas donde se exhiben, entre otros elementos, más de 100 automóviles, algunos de lo más curioso.

Los castillos del… ¿Loir?

El valle del Loira es más que conocido. Un paisaje de valle, con colinas, viñedos, bosques… salpicado por pueblos y pequeñas ciudades históricas y una gran cantidad de castillos y palacios construidos sobre todo durante el renacimiento aunque con algunas estructuras medievales.

Los castillos y el entorno no se limitan al curso del río Loira sino que se extienden por sus afluentes, entre ellos, el Loir. Vamos a visitar dos castillos levantados junto a su curso.

Le Lude: el castillo habitado.

El castillo de Le Lude

El castillo de Le Lude

Los orígenes de este castillo renacentista rodado de jardines se remontan al siglo X aunque el edificio que vemos hoy en día fue levantado entre el Renacimiento y el siglo XVIII.

Es una construcción enorme con cuatro fachadas, 70 habitaciones, tres alas diferentes, y seis pisos. Sus jardines de 8 hectáreas incluyen 1,5 Ha de huerto. Sus productos se pueden probar ya que, en la vieja cocina del sótano, se elaboran sopas y mermeladas que se venden en la tienda del castillo.

La vivienda lleva habitada desde hace 260 años por la misma familia así que, visitándola, puedes encontrarte con los condes de Nicolaÿ, Barbara y Louis-Jean, los encargados hoy en día del mantenimiento, la restauración de palacios y jardines y de la gestión de visitas y eventos. Sus actividades se pueden consultar en www.lelude.com

Bazouges: la evolución hecha castillo.

Ek castillo de Bazouges sur le Loir

El castillo de Bazouges sur le Loir

Ubicado en el pueblo de Bazouges sur le Loir, este castillo ha ido cambiando con la historia. Durante la Edad Media sirvió como puesto fronterizo y, ya en el siglo XVII, abandonó su función defensiva y se transformó en vivienda señorial.

La evolución que ha experimentado se refleja en la arquitectura y en la decoración de las distintas habitaciones, desde una capilla  del siglo XV instalada en una de las torres circulares a las habitaciones y salones construidos entre los siglos XVI y XIX.

Rillettes y vino.

Les rillettes

Les rillettes

Con tanta visita necesitamos algo que echarnos a la boca, aunque lo primero es elegir el vino. Una buena opción es el blanco Jasnières de la denominación de origen Coteaux-du-loir, elaborado con la uva chenin blanc. Para quien prefiera tinto o rosado, puede decantarse por los de la variedad pineau d’aunis.

La cave de Pedro, una vinacoteca en Le Mans

La Cave de Pedro, una vinacoteca en Le Mans

Y no nos podemos ir de Le Mans sin probar los rillettes, una especie de paté algo rudo, con trozos de carne. Los más tradicionales están hechos de cerdo, aunque se pueden encontrar otros tipos. Están deliciosos.

Si además de probarlos queremos llevarlos en la maleta, se pueden comprar (entre otros lugares) en el mercado al aire libre de los domingos en Le Mans. Queserías, carnicerías, panaderías, pescaderías… colocan sus puestos junto a la catedral y es fácil pasarse una hora decidiendo qué productos elegir. Una baguette siempre acompaña muy bien.

El mercado junto a la catedral de Le Mans

El mercado junto a la catedral de Le Mans

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