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Desde las azoteas de Tánger
Desde las azoteas de Tánger

Tánger por fuera, Tánger por dentro

Se dice que es la más europea de las ciudades africanas, y la ciudad de África que más mira a Europa. Un lugar con raíces, ecléctico y en constante cambio.

Situado en el Estrecho, Tánger mira hacia los cuatro puntos cardinales: a África y a Europa, al Atlántico y al Mediterráneo. Gracias a su ubicación, por aquí han pasado todo tipo de culturas que han ido dejando su impronta.

Por eso, la palabra que mejor define a Tánger es interculturalidad. Una mezcla basada en el respeto que se refleja por todos lados: en la estructura de la ciudad, en sus edificios, en los habitantes, en sus manifestaciones artísticas… Tánger es una ciudad exótica, pero que resulta familiar.

Pintores, literatos, actores. Muchos han encontrado su sitio en Tánger. Y ese es el riesgo: quedarse. O que Tánger se quede en ti.

De ahí el dicho: “Tánger un día, Tánger para siempre”, “Tanger un jour, Tanger toujours”.

Raíces que dejan huella

Tánger

Tánger

En Tánger se respira historia, una historia que lejos de borrarse ha dejado su impronta por toda la ciudad.

Gracias a su ubicación, Tánger ha sido un puerto de primera categoría en las rutas comerciales y, durante siglos, ha acogido a decenas de culturas diferentes. Por aquí han pasado fenicios, cartagineses, romanos, la ciudad ha estado bajo dominio vándalo, bizantino, árabe, portugués, español… Una mezcla de culturas que sentaría las bases de la Ciudad Internacional de Tánger entre 1923 y 1956.

Cada uno de estos pueblos ha ido dejando su rastro de manera tanto tangible como invisible. Así, si observamos atentamente a la ciudad, nos encontramos detalles curiosos propios de otras culturas. Por ejemplo, algunas calles de la medina, normalmente serpenteantes, son rectas. Su origen es romano y desde que se crearon han mantenido su forma. Además, las casas, poco luminosas en la cultura árabe, no solo tienen grandes ventanales, sino balcones, algo propio de las construcciones europeas.

Los edificios religiosos también se entremezclan y, desde cualquier azotea, se divisan los minaretes de las mezquitas, las torres de las iglesias y las sinagogas. Normal: en una ciudad que lleva la convivencia por bandera existen 12 sinagogas, 14 templos católicos y un sinfín de mezquitas.

La arquitectura también se ha visto influenciada por ese crisol cultural y en todo el centro de la ciudad, encontramos edificios racionalistas y modernistas, traídos desde Europa.

Al igual que la ciudad, los tangerinos son abiertos, cosmopolitas y conversadores y, también en ellos, se refleja la mezcla de culturas. Las plazas, el Zoco, el Zoco Chico, descrito como “el gran teatro del mundo”, las cafeterías como el Café París, uno de los grandes cafés de literatos de Tánger, o las callejuelas de la Kasbah, la ciudad fortificada, son buenos lugares para observarlos. O para hablar con ellos. La conversación no defrauda.

En plena Kasbah tangerina encontramos un museo que resume a la perfección la mezcla de culturas de Tánger. Es el Museo de la Kasbah de las Culturas Mediterráneas.

Museo de la Kasbah: el resumen de culturas mediterráneas

Museo de la Kasbah de las Culturas Mediterráneas

Museo de la Kasbah de las Culturas Mediterráneas

Tánger, la puerta de entrada al Mediterráneo, es un buen lugar para un museo dedicado, precisamente, a las culturas mediterráneas.

Se encuentra en un edificio enorme: el Palacio Dar – Al – Makhzen, el antiguo Palacio del Gobernador. Esta construcción del siglo XVIII está articulada en torno a dos patios. A través de ellos se accede a varias salas con techos de madera y azulejos en las paredes.

Son habitaciones que guardan tesoros de diferentes épocas: piezas sacadas de los yacimientos de la zona, piedras grabadas con antiguas grafías, libros, elementos funerarios, mapas de rutas comerciales, esculturas, mosaicos… Objetos que hablan de las civilizaciones que han pasado por aquí desde la prehistoria.

El propio edifico también cuenta una historia. Sus columnas de origen romano, la ubicación en alto, en plena kasbah con vistas al Estrecho, las fuentes y los árboles de su patio… reflejan los diferentes momentos por los que pasó ciudad y la influencia de distintos pueblos.

El palacio Dar – Al – Makhzen y el Museo de la Kasbah de las Culturas Mediterráneas son un conjunto armónico que nos ayuda a entender las huellas físicas y emocionales que la historia ha dejado en Tánger.

Tánger de puertas para adentro

Además de la gran historia de Tánger que podemos ver en museos, en sus edificios y en los principales monumentos, Tánger tiene muchas microhistorias que suceden, casi siempre, de puertas para adentro, en lugares que explican el latir de la ciudad y que dan sentido a la frase de “Tánger te atrapa”. Sitios como la asociación musical Hijos del Estrecho, la tienda de Las Chicas o pequeños talleres de artesanos donde se funde el saber hacer de sus trabajadores con el saber mirar de los visitantes.

Cruzamos el umbral, para acercarnos al corazón (a los corazones) de Tánger, una ciudad que late de puertas para adentro.

Puerta 1. La música de los Hijos del Estrecho, Les fils du Detroit

Hijos del Estrecho

Hijos del Estrecho

La puerta de la asociación Hijos del Estrecho, nos abre paso a un lugar lleno de estímulos. Nada más entrar, aparece ante nosotros una habitación pequeña y alargada, rodeada por asientos y con algunas mesas bajas en el centro. Las paredes están repletas de partituras, fotografías e instrumentos. Al fondo, sentados, unos hombres sacan notas de una flauta, una guitarra o el tambor. Y entonan sus melodías.

Estamos en la sede de Los Hijos del Estrecho, Les fils du Detroit, una asociación que lleva 40 años trabajando para recuperar la música árabe andalusí y enseñarla a los más pequeños.

Ellos ponen la música y la magia. A nosotros, solo nos queda coger el té de menta, abrir bien los sentidos y disfrutar de esta especie de jam session al estilo tangerino.

¿Dónde? Junto al Museo de las Culturas Mediterráneas.

Puerta 2. La inspiración de los grandes artistas: Café Babá

En la puerta del Café Babá

En la puerta del Café Babá

Té a la menta, café turco, kif y horas y horas de parchís. La puerta que da acceso al Café Babá te descubre un lugar concurrido, lleno de jóvenes tangerinos que sueltan humo mientras hablan animados en torno a una taza de té.

Esa es mi primera imagen. En un segundo vistazo reparo en el señor que prepara los tés y los cafés detrás de una barra. Se llama Absalam Aoufi y pertenece a la misma familia que fundó este café en 1941.

Me habla de los diferentes ambientes del café: la entrada, la parte alta y la terraza y de la historia de este lugar que ha atraído a famosos y artistas. Por aquí han pasado miembros de la realeza, millonarios como Barbara Hutton, artistas como Patti Smith, directores de cine e, incluso, los Rolling Stones. Sus visitas han quedado inmortalizadas en las fotografías de las paredes del café Babá.

¿Dónde? En la Rue Zaitouni.

Puerta 3. De tejedores e hilos que conectan el exterior con el interior

Tejedores en Tánger

Tejedores en Tánger

En Tánger los tejedores son hombres. Hacen su trabajo en talleres diminutos, rodeados de telas de todos los colores. Sentados en su interior, los hilos salen hacia la calle, hasta  pequeños telares que se colocan fuera y de los que sale un soniquete mecánico. Son hilos que conectan dos universos: el de fuera y el de dentro.

Muy cerca del café Babá, una calle en pendiente, repleta de puertas que da acceso a estos pequeños talleres, nos permite observar el trabajo de estos fabricantes de tejidos, que terminan – muchas veces – en manos de los turistas.

¿Dónde? Cerca del Café Babá.

Puerta 4. Los artesanos del metal

Artesano del metal

Artesano del metal

Nos adentramos en un taller de no más de siete metros cuadrados. Estamos en un lugar de la kasbah de Tánger, observando a un hombre convertir un trozo de metal en una pieza única a base de golpecitos armónicos. Toda la habitación está abarrotada de lámparas y objetos de decoración hechos por él, en un lugar donde la artesanía se ha convertido en arte.

Puerta 5. Mujeres poderosas y artistas: Las Chicas

Las mujeres de Las Chicas

Las mujeres de Las Chicas

Mujeres en Tánger hay muchas. Y de apariencia muy diversa. Quizás sea la ciudad marroquí en la que más protagonismo tienen en la vida pública.

En Las Chicas, una tienda en plena kasbah de Tánger, se han juntado tres mujeres de la misma familia: una directora de cine, una diseñadora de vestuarios y otra diseñadora. Ellas son las propietarias de esta concept store, repleta de creaciones únicas ideadas – en muchas ocasiones – por ellas.

Si te dejas embaucar, puedes quedarte horas atrapada en las tres plantas de Las Chicas, viendo los posters y los cuadros de sus paredes, hojeando libros, eligiendo un par de babuchas, probándote ropa o tomando café en la terraza.

Entrar es fácil, salir de allí (con las manos vacías) no lo es tanto.

¿Dónde? Place du Tabor

Puerta 6. Los sabores de Tánger

Comida marroquí

Comida marroquí

Los ingredientes locales y las recetas de todos los pueblos que han pasado por aquí son la base de la gastronomía de Tánger, una mezcla de sabores que podemos degustar en todo tipo de restaurantes: desde los más populares a los más elitistas, pasando por los puestos de la calle.

Por estar donde estamos, visitar un restaurante de cocina marroquí es obligatorio o, ¿quién puede resistirse a una ensalada de berenjena, al sabor de un tajine de cordero o al aroma dulzón de la pastela?

Si lo tuyo son los postres, la tarta de limón se prepara de muchas maneras diferentes en Tánger y está deliciosa. Ir de ruta para tomarla es uno de los entretenimientos locales.

Puerta 7. Azoteas para voyeurs con vistas a la ciudad

Desde las azoteas de Tánger

Desde las azoteas de Tánger

Puertas, patios y escaleras dan paso a lugares privados que permiten observar y ser observado. Son las azoteas de Tánger, el espacio preferido de cualquier voyeur (en un sentido más poético). Ofrecen vistas a la ciudad, a un paisaje de antenas parabólicas donde se eleva, de vez en cuando, el minarete de una mezquita. Te permiten observar lo grande: el océano; y lo pequeño: lo que ocurre en ellas.

Son un buen lugar para recibir al día o para ver cómo cae la noche. Un buen sitio para descansar después de horas caminando y para disfrutar de un desayuno con vistas.

Las azoteas están en muchas casas de Tánger, también en los riads, los hoteles con más encanto de cualquier ciudad marroquí-. Me alojé en uno de ellos: la Tangerina, un buen sitio para descubrir la hospitalidad tan característica de esta cultura.

Fuera de la Medina

La kasbah y la medina de Tánger dan para días. Pero los alrededores tampoco se quedan cortos. Lugares como el parque Perdicaris, el faro en Cabo Espartel o la cueva de Hércules complementan perfectamente una visita a Tánger.

Parque Perdicaris: donde la ciudad se integra en la naturaleza.

Villa Aidonia en el parque Perdicaris.

Villa Aidonia en el parque Perdicaris.

A pocos kilómetros del centro de la ciudad se encuentra el parque Perdicaris, un parque, dentro de un espacio natural, por el que pasean los turistas y donde se reúnen los tangerinos.

Lleno de senderos que se extienden fuera de su territorio y bajan hacia el mar, este parque lleva el nombre de un personaje que protagonizó una historia curiosa a comienzos del siglo XX: Ion Hanford Perdicaris.

Perdicaris fue un playboy de origen griego y estadounidense que fue secuestrado en 1904 por El Raisuli, villano para unos, heredero legítimo del trono marroquí para otros. El secuestro de este personaje fue conocido como Incidente Perdicaris y tuvo una gran repercusión internacional ya que desencadenó una respuesta inaudita de EEUU, entonces presidida por Roosevelt.

El parque Perdicaris recuerda esta historia y una casa en su interior, la Villa Aidonia, ha quedado como testigo de este momento histórico que inspiró la película El Viento y el León.

Una muestra más de que cada lugar de Tánger rezuma historia.

Cabo Espartel: el faro que mira a dos mares.

Faro en el Cabo Espartel

Faro en el Cabo Espartel

En el cabo Espartel, un faro lleva más de 150 años cuidando de los barcos que pasan por El Estrecho. Está en un lugar privilegiado: en el sitio donde se juntan las aguas del Mediterráneo y del Atlántico, frente a la desaparecida isla de Espartel y al lado de unas rocas puntiagudas supuestamente con forma de sirena.

Lleva más de siglo y medio evitando naufragios aunque no puedo salvar al centenar de soldados que perecieron en la Batalla de Cabo Espartel en 1936, en plena Guerra Civil española.

Convertido en un lugar turístico, las vistas desde este lugar, que mira a dos mares, son de infarto.

La leyenda cuenta que en este punto, Hércules, en señal de amor a Tinga, separó África de Europa dando lugar al Estrecho y juntando, de esta manera, el Atlántico y el Mediterráneo.

La Gruta de Hércules, el descanso del guerrero

La ventana en la Gruta de Hércules

La ventana en la Gruta de Hércules

A unos 15 kilómetros del centro de Tánger se halla la Cueva de Hércules, un lugar con reminiscencias grecorromanas donde – según la leyenda – descansó Hércules después de pasar las doce pruebas.

Esta gruta ha estado habitada durante milenios y se ha ido agrandando por el trabajo de los canteros que extrajeron de ella piedras para ruedas de molino.

Su interior, visitado cada día por cientos de personas, tiene varias salas, algunas de gran belleza como la de la catedral de piedra, aunque – sin duda- el lugar más visitado y fotografiado es su ventana al mar que recuerda al mapa de África invertido. De hecho, esta abertura desde la que se ve el océano forma parte del escudo de la ciudad de Tánger.  Un escudo que podemos ver a pocos metros, ya en la superficie.

Tanger te atrapa.

Como toda ciudad por la que ha pasado la historia, Tánger ha vivido sus más y sus menos. Ahora se encuentra en uno de sus muchos renaceres. Buen momento para dejarse atrapar por ella porque, como dice el dicho: “Tanger un día, Tanger para siempre”.

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Gracias a turismo de Tánger por invitarme a la ciudad y a Farid Othman-Bentria, nuestro guía, por abrirnos las puertas de Tánger.

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