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Ibón de Plan o Basa de la Mora
Ibón de Plan o Basa de la Mora

Ibón de Plan: naturaleza a la altura de la leyenda

En la naturaleza todos los esfuerzos tienen recompensa. Caminar con un objetivo, focalizar el lugar a donde quieres llegar y maravillarte con esa vista que tanto estas esperando. También, conseguir poner tu mente en blanco para centrarte en el camino y el esfuerzo. Da igual que la ruta tenga desnivel, que tu preparación física no sea siempre la mejor y que a ratos te puedas encontrar con alguna dificultad. Todo se queda en nada cuando te sientes pequeño en medio de la nada, comparándote con las montañas o con ese río que nunca deja de serpentear. Esas son las sensaciones a las que te lleva una buena ruta senderista. Sensaciones que se magnifican si tienes la suerte de caminar por un lugar tan mágico como los senderos de la Bal de Chistau.

Objetivo: Ibón de Plan

Ibón de Plan. El final del

GR-15 en su llegada al Ibón de Plan

Chistau tiene muchos puntos de vista y todos ellos merecen la pena. Desde la cabecera del valle puedes observar la inmensidad: de las montañas, de la nieve o del río Cinqueta que no para de exigir su protagonismo sobre todo en la época de deshielo. Cualquier rincón del valle invita a quedarse quieto y disfrutar, pero si te pones a caminar podrás llegar a parajes todavía más impresionantes. Uno de los más famosos – y eso no quiere decir masificado– es el Ibón de Plan o Basa de la Mora. Hablamos de un lago glaciar, situado a más de 1900 metros de altitud, que cambia su cara en función de la época del año en la que lo visitemos. En invierno, con un acceso muy complicado, aparecerá helado. En verano, con menos agua y un valle completamente verde. Quizás, lo mejor sea visitarlo en primavera para apreciar la belleza de sus aguas rodeadas de picos nevados.

Cualquier día es bueno para visitar el Ibón, pero ninguno tan especial como la madrugada de San Juan. Cuenta la leyenda que, tras la noche más corta del año, las personas con el alma pura podrán ver a una bella mora bailando sobre las aguas del Ibón. De ahí su sobrenombre de la Basa de la Mora, ya que ese lago acoge el espíritu de una joven mujer que se perdió en esas montañas huyendo de las luchas entre moros y cristianos. Eso es algo que no os puedo asegurar, pero lo que está claro es que el paraje del lago (rodeado de nieves perpetuas y su bosque de pino negro) es casi tan mágico como la leyenda que lo acompaña. También, que el aire que allí respiras es digno de un “alma limpia”.

Una ruta digna de leyenda y épica

Barranco del Ibón. Habrá que cruzarlo dos veces.

Barranco del Ibón: habrá que cruzarlo dos veces

Hay varias formas de alcanzar el Ibón. Desde Plan, el municipio al que pertenece, existe una ruta que parte de la piscina municipal de la localidad que fue la que elegimos nosotros. No es una ruta larga – 14 kilómetros entre ida y vuelta – pero sí que tenemos que salvar un desnivel considerable de 900 metros. Sí, 900 metros de subida (que cuestan lo suyo) y 900 metros de bajada (que a ti te cuestan menos, pero en los que tus rodillas sufren más).

La ruta comienza siguiendo el PR-HU-87 por una pista forestal durante cerca de 2 kilómetros. Es un paseo agradable paralelo al río Cinca, en dirección al Plan d’Escun, hasta que una señal nos indica el desvío a la izquierda. A partir de ahí comienza un ascenso continuo hasta casi llegar al Ibón de Plan. De primeras, la pendiente es poco pronunciada, mientras atravesamos un bosque de hayas y pinos que hacen el paseo muy agradable. Ganamos altura y muy pronto tendremos unas maravillosas vistas del Valle de Gistau. Un gran momento para sacar unas fotos y tomar aire para lo que se viene encima.

Tras dos kilómetros de ascenso tendremos que cruzar por primera vez el curso del barranco del Ibón. En verano prácticamente no encontraras agua en el cauce, pero si afrontas la subida en época de deshielo sí que tendrás que ingeniártelas un poco. El sendero sigue ganando altura hasta que tengas que volver a cruzar el barranco. Justo ahí comienza el tramo más duro de la subida, pero toca apretar los dientes porque la recompensa merece mucho la pena.

Una vez que salimos del bosque el sendero conecta con el GR 15. Ahí ya te puedes relajar y disfrutar de un cómodo paseo por prado hasta alcanzar el Ibón de Plan, donde nos encontramos uno de los parajes con más encanto de todos los Pirineos. Y lo mejor de todo es que lo tendrás prácticamente para ti. Nosotros realizamos esta ruta en pleno puente y prácticamente no nos cruzamos con nadie hasta el cruce con el GR-15. ¿Por qué? Porque esta es la forma más sencilla de llegar al Ibón. Desde el refugio de Saravillo, al que puedes acceder en coche por una pista forestal, el paseo es de 45 minutos y sin nada de desnivel. Aún así, la tranquilidad y la relajación lo copan todo en ese paraje.

Es recomendable darse un buen paseo alrededor de la Basa de la Mora, guardando en la retina todas las visiones que ofrece, antes de comenzar el descenso exactamente por el mismo sendero que antes. Tampoco te relajes en exceso en el Ibón porque a tramos la bajada se hace más dura que la subida.

Recomendaciones

Luchando contra el desnivel en la ruta al Ibón de Plan

Luchando contra el desnivel en la ruta del Ibón de Plan

  •  Es necesario estar en forma para realizar esta ruta. La subida no es peligrosa, pero sí que es muy dura. Por supuesto es imprescindible llevar el calzado adecuado (botas altas) ya que encontraremos varios tramos de pedregal.
  • Consulta la previsión del tiempo ya que en la montaña es muy variable. La ruta, entre ida y vuelta, se puede hacer en unas 6 horas.
  • No te olvides de la crema solar, comida y agua (no hay fuentes en todo el camino)
  • El camino está muy bien señalizado, pero te puedes encontrar nieve en algunos tramos dependiendo de la época del año. Lo mejor es informarse en la Oficina de Turismo de Plan donde te contarán el estado de esta y de otras rutas de la zona. Además, lo harán con una sonrisa y mucho cariño lo cual siempre es un punto a tu favor.
  • No te pegues el festín de tu vida comiendo en el Ibón. Todavía te quedará la bajada y no hay mejor recompensa que una buena cena en cualquiera de los dos restaurantes de Plan (La Capilleta o Casa Ruché) a los que es mejor llegar con hambre. Puedes hacerlo a gusto ya que has quemado las suficientes calorías – muchas más de la cuenta si le haces caso al Endomondo – para pegarte un buen homenaje.
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