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Puente de la Capilla y Torre del Agua

Lucerna brilla con luz propia

Para muchos Lucerna es la joya de Suiza. Esta ciudad helvética está ubicada en un entorno idílico, a orillas del lago de los Cuatro Cantones y rodeada por montañas, entre ellas, el monte Pilatus. Su casco histórico tampoco desmerece; dividido por el río Reuss y unido por varios puentes (entre ellos, el puente de madera más antiguo de Europa), en sus dos orillas existen plazas, calles, iglesias y monumentos con los que deleitarse.

Los principales atractivos de Lucerna están muy cerca unos de otros, así que bastará con dos o tres horas caminando para descubrir la ciudad, sin embargo, si queremos disfrutar de todo lo que ofrece se necesita más tiempo. Adentrarse en sus museos, navegar por el lago, pasear por la naturaleza, saborear una raclette o subir a los más de 2.000 metros del monte Pilatus son algunas de las experiencias que se pueden vivir en Lucerna.

Un paseo por Lucerna

  • Lucerna está en mitad de Suiza, se llega bien prácticamente desde cualquier lado. El tren Zúrich – Lucerna tarda menos de una hora.
  • La oficina de turismo está en la misma estación de tren. Allí os darán un mapa con información para visitar la ciudad. Si está cerrada, suelen tener en la puerta la última edición de una pequeña revista con mapa e información de la ciudad.
  • www.lucern.com

La puerta de entrada a Lucerna es su estación de ferrocarril. Allí se encuentra su oficia de turismo, muy útil para pedir información del destino, un mapa o – si está cerrada – coger en su puerta la última edición de la revista de la ciudad con mapa incluido.

Nada más salir de la estación de tren, en la plaza Europa, se alza el centro cultural y de congresos KKL Luzern, un edificio moderno, diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel, que cuenta con sala de conciertos, auditorio y museo de arte. Está a orillas del lago de Lucerna así que este sitio también permite echar un primer vistazo al paisaje.

KKL Luzern

Desde aquí, podemos comenzar a caminar por la orilla del río Reuss, alejándonos del lago. En el trayecto, vamos a encontrarnos con algunos de los símbolos de la ciudad. Los primeros, la torre de Agua y el puente de la Capilla, dos construcciones de comienzos del siglo XIV que son lo más de lo más: mientras que la torre del Agua es el monumento más fotografiado de Suiza, el puente de la Capilla es el puente de madera más antiguo de Europa. Hay que cruzarlo despacio y un par de veces para admirar las pinturas que lo decoran: son del siglo XVII y narran escenas de historia local y nacional y la vida de los patrones de Lucerna. También desde el puente se puede ver de cerca la torre octogonal que ha servido, a lo largo del tiempo, como archivo, prisión y sala de tortura. Hoy, es sede de la asociación de Artillería de Lucerna y hogar de una colonia de vencejos.

Puente de la Capilla y Torre del Agua, el puente de madera más antiguo de Europa y el monumento más fotografíado de Suiza

Si seguimos remontando el río por la misma orilla en la que estábamos, vamos a encontrarnos con dos templos de gran belleza: la iglesia de los Jesuitas, el primer templo barroco levantado en Suiza y, alejándonos un poco del río, la iglesia de los Franciscanos, de estilo gótico.

Desde la iglesia de los franciscanos, volvemos al río Reuss, para cruzar otro puente de madera, el puente Spreuer. Este se levantó en el siglo XV y está decorado con unas pinturas añadidas posteriormente y que representan la danza de la muerte. Desde él se observa en el agua una construcción muy interesante: la presa de aguja que permite desde el siglo XIX y de manera manual controlar el nivel del agua del lago.

La presa de aguja, el río Reuss y la iglesia de los Jesuitas al fondo

Si cruzamos el puente Spreuer para llegar a la otra orilla de la ciudad medieval. Allí, encontramos una sucesión de calles y plazas con edificios decorados con pinturas. Lo mejor es perderse por esta zona de la ciudad durante un buen rato, pero sin olvidar visitar algunas de ellas como Weinmarkt, Mühlenplatz o la Kornmarkt donde se ubica el edificio del ayuntamiento.

Alejándonos de esta parte más llana y subiendo, llegamos a la muralla y a sus nueve torres, la más curiosa es la torre Zyt porque tiene el reloj más antiguo de Lucerna al que se le ha otorgado el privilegio de dar las horas un minuto antes que al resto.

El centro histórico está lleno de plazas con encanto y edificios con frescos en la fachada

Después de recorrer la muralla, nos alejamos del centro medieval para visitar “la roca más triste y emotiva del mundo” en palabras de Mark Twain. El león moribundo es una escultura tallada en el siglo XVIII en memoria de los soldados suizos que fallecieron durante la Revolución francesa y se encuentra junto a un pequeño estanque.

El León Moribundo

Desde aquí es posible caminar de nuevo en dirección al lago, deteniéndose en la iglesia Hof y en el pequeño cementerio que la rodea. Una vez en la orilla, hay que caminar junto al lago para admirar el paisaje y la riqueza ostentosa Lucerna.

El lago de Lucerna o de los Cuatro Cantones

Vistas a Lucerna subiendo al hotel Gutsch (no, no me quedé en él)

Hay mucho que hacer en los alrededores de Lucerna. Desde la ciudad, es posible subir a un ferri para explorar el lago de los Cuatro Cantones (cinco hoy en día) y admirar los paisajes verdes o blancos que lo rodean, visitar las ciudades o pueblos levantados en sus orillas como Altdorf o Weggis, subir a los picos que se alzan a más de mil metros sobre la lámina de agua, visitar castillos, bañarse en verano o caminar por sus senderos.

Otra de las excursiones más recurrentes en Lucerna es la que lleva a la cima del monte Pilatus. Para alcanzar los más de 2.000 metros de esta montaña se puede utilizar el teleférico o el tren cremallera más empinado del mundo.

Así que, aunque Lucerna es una ciudad muy cómoda para recorrer andando, hacen falta varios días para vivirla y explorar sus alrededores.

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