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Territorio Guna

Una señora mayor se ríe mientras señala mi nariz, dice algo que no entiendo, mi guía, Gilberto, hace de traductor:

-Pregunta que si no te dolió, ya de mayor.

-Se me saltaron las lágrimas y todo- Respondo.

Ella tiene otro pendiente, un aro de oro en mitad de la nariz, el olasu. Se lo perforaron poco tiempo después de nacer, según la tradición. Me hace ilusión haber encontrado algo en común con esta mujer aparentemente tan diferente a mí. Viste una camisa y una falda de colores intensos y a modo de cinturón lleva una tela bordada. Una línea negra perfila su nariz, en el pelo tiene atado un pañuelo rojo y amarillo. Los brazos y las piernas no están sin decorar, utiliza muñequeras y tobilleras que mantendrá puestas durante meses, hasta que fabrique unas nuevas.

Me quedo mirando las telas de colores que hay a su lado: las molas. Son su principal artesanía. Cosen varias capas de tela, una encima de otra y recortan después las formas. Pueden tardar meses en confeccionarlas. Las mujeres gunas las utilizan para vestirse y los turistas nos las llevamos de souvenir.

Molas delante de la casa de la familia que habita en Isla Pelícano

Estamos en Pelícano, una de las cerca de 400 islas del archipiélago de San Blas. En ella vive esta mujer con su familia y, aunque conservan su modo de vida tradicional, también ingresan dinero gracias al turismo. En la isla, además de la casa de paja y caña no hay más que palmeras y arena blanca. Alrededor, los cayucos de los pescadores contrastan con los yates amarrados que compiten por ver quién tiene el mejor equipo de música. Botellón de lujo y caribeño. Es domingo y el mal turismo, también aquí, hace estragos.

Isla Pelícano

Una cervecita tostándonos en la arena, un baño y salimos hacia la piscina de las estrellas de mar, en mitad del océano. Llevamos toda la mañana saltando de isla en isla por el archipiélago: de isla Perro, la del barco hundido, a Pelícano, pasando por un islote con una única palmera. A la hora de comer volvemos a isla Aguja, donde hemos pasado la noche en una cabaña sobre la arena, bañándonos en el Caribe y, cuando las nubes lo permitían, viendo estrellas. Comemos de nuevo pescado fresco, patacón y arroz con coco (la gastronomía no es muy variada). Después de la sobremesa, nuestro guía, Gilberto, nos lleva a conocer a su familia. Ahora sí, ¡vamos a una auténtica comunidad kuna!

Los kunas son un pueblo muy digno, orgulloso de su cultura y con un gran arraigo a sus tradiciones.  Viven en la región Guna Yala y de una manera bastante autónoma del gobierno de Panamá, gracias a la revolución Tule de 1925. De esta época viene también su bandera, parecida a la española y con una esvástica en el centro. Solo ellos pueden gestionar su turismo, tienen su propia organización política, el Consejo General Kuna, su religión, sus leyes y conservan –en gran parte- su modo de vida y su vestimenta. El territorio kuna comprende una franja montañosa continental en la costa atlántica y las islas del archipiélago de San Blas en el Caribe. Habitan en el paraíso, pero de una manera sobria y sencilla.

La casa de nuestro guía está al lado del puerto. Saludamos a su madre y entro con su hermana en casa para hacer la turistada del día: vestirme como una indígena kuna. Mientras buscan las telas dentro de unos contenedores grandes, no puedo dejar de mirar alrededor. Una niña pequeña me observa desde una hamaca, la cocina está integrada en la sala, el suelo es de arena y una cortina nos separa de otra habitación. Supongo que allí dentro también cuelgan hamacas. La hamaca es una constante en la vida de un kuna y también en su muerte porque son enterrados con ella.

En el exterior Gilberto me hace las fotos pertinentes y, después de quedarme con mi vestimenta sosa de occidental, salimos a dar una vuelta por el pueblo: pasamos por la escuela, por la casa comunitaria donde se reúnen en las celebraciones, paramos a comprar unas molas, entramos en otra casa y vuelta al puerto. Allí nos llama la atención un aseo con el desagüe directo al mar.

Es el momento de volver a tierra firme. En la travesía tenemos cuatros polizones, unos niños que nos acompañan porque encuentran divertido montar en barco. En el puerto de Carti unos pescadores nos enseñan sus hazañas del día. Cuando hacemos las fotos nos piden un dólar. Cargamos maletas y vuelta para Ciudad de Panamá. La biodramina no hace efecto con las curvas de Guna Yala. Aun así de camino voy pensando que me quedo con ganas de más, mucho más. Y a todas las personas que conocí por el camino, ¡nued!, gracias.

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 Ya de vuelta en España estuve buscando información sobre la cultura kuna, y encontré algunas páginas con libros de texto para la “educación bilingüe intercultural”. Entre ellos un diccionario guna – español, textos religiosos e historia. Los libros están financiados, en parte, por la AECID

Libros de texto donde se puede aprender de la identidad kuna http://www.gunayala.org.pa/documentos_ebi.htm

Un facebook con fotos kunas de otras épocas donde conversan sobre sus tradiciones e historia

https://www.facebook.com/pages/HISTORIA-KUNA/130999703667900

 

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