Turku o Abo, en finés o sueco respectivamente, fue la primera parada del viaje. Se encuentra a unos 170 kilómetros de Helsinki y tiene aproximadamente 180.000 habitantes.
Nada más llegar, llama la atención sus calles anchas y los edificios sobrios. Las construcciones nuevas tienen unas ventanas enormes para aprovechar la poca luz que les llega en invierno.
La gente se mueve con bici y ¡sorpresa! la aparcan sin candado (en Holanda por ejemplo recomiendan – con un poco de cachondeo – que te gastes más en el candado que en la bici).
Los parques están llenos de gente joven con litros de cerveza y sidra de diferentes sabores (pera, frambuesa, grosella…). El “botellón” no es de extrañar porque el precio del alcohol en bares es prohibitivo, aunque no todo es beber. La actividad cultural de Turku ha hecho que sea Ciudad Europea de la Cultura 2011, un título que comparte con Tallinn, en la vecina Estonia.
Toda la ciudad tiene su encanto, aunque los monumentos más destacados son el castillo y la catedral. Ambos se empezaron a construir alrededor del s.XIII. La vida en verano gira en torno al paseo fluvial donde hay numerosos barcos anclados que hacen de bares y restaurantes.
Desde el puerto se puede coger un barco para visitar el archipiélago más grande de Europa, el de Turku y Aland. Este último tiene gobierno propio y hasta las matriculas de los coches son diferentes. Lo componen miles de islas y es un destino muy popular para las vacaciones de verano. Se encuentra a medio camino entre Suecia y Finlandia.

Catedral de Turku

Barco sonriente en Turku

Castillo de Turku/Abo
Viajar a Turku, sentir su ritmo, perderter por la naturaleza, acercarte al archipiélago, tomar una cerveza en un barco del río… Es casi obligatorio si estás en Helsinki. Son solo dos horas de viaje.