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Sierra de Gata
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Sierra de Gata SIGUE (existiendo, siendo, ofreciendo)

Son Nacho, José, Fausta, Mili, Miguel, Rosa, Sara, Jesús… son parte de Sierra de Gata y quieren a su tierra como nadie. Te la enseñan y te contagian del amor que sienten por ella. Y así, a esos primeros nombres, se suma el tuyo: Paula. Porque no hace falta haber nacido allí para sentirse de allí. Y sé de buena tinta que la lista se va ampliando.

Es una comarca afortunada. Porque es querida, porque su gente se vuelca y porque el que la visita acaba vinculado a ella. Esta tierra te da mucho. Te ofrece a manos llenas el patrimonio de sus pueblos, sus ríos, sus piscinas naturales, sus paisajes, sus animales y sus bosques. Y por eso me ha dolido tanto ver cómo se quemaban.

Ha ardido el monte. Y en Gata hay pinos, castaños, olivos, alcornoques… Se han quemado casas y han muerto animales. El dolor de su gente es intangible. Triste. Tristísimo. En el recuento dan por perdidas más de 7.000 hectáreas, 70 km2. Un auténtico desastre. Pero la Sierra de Gata no ha desaparecido. Más del 94% de su territorio sigue intacto. 1.184 km2 continúan allí, tal cual, esperando tu visita.

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En Sierra de Gata continúan Trevejo, Hoyos, San Martín de Trevejo, Acebo, Gata, Descargamaría… 20 pueblos llenos de tradiciones, costumbres y patrimonio.  Cinco de ellos conjunto histórico artístico.

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En Sierra de Gata siguen las piscinas naturales que piden prestada el agua a los ríos. Frescas y limpias, con sus sombras, su tranquilidad y sus chiringuitos.

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En Sierra de Gata te esperan los bosques de castaños, robles, pinos, los frutales y los bancales repletos de olivos. Para darte sombra y para acompañarte en el camino. (Qué fácil es destruir un árbol. Ese mismo que parecía inamovible, que llevaba siglos plantado en el mismo lugar. Mucho más complicado es plantar otro y verlo a crecer. Pero lo harán. Y la mayoría de ellos sigue en pie).

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En Sierra de Gata vuelan los buitres leonados y negros. Las cigüeñas y los pájaros carpinteros. Allí bienviven las cabras, los cerdos, las vacas y los caballos. Porque están en su paraíso.

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En Sierra de Gata, encima de la mesa, están colocados la miel, el aceite, los quesos de cabra, las naranjas… todos los productos locales con los que crean decenas de recetas.

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En Sierra de Gata suena a fala, ese idioma que solo se puede escuchar en tres pueblos. Y cada uno tiene su dialecto. En las boigas de San Martín de Trevejo hablan el manhegu, en Eljas las palabras se dicen en lagarteiru y en Valverde del Fresno pronuncian, desde que nacen, el valverdeiru.

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En Sierra de Gata permanecen las minas de oro romanas y las historias de contrabandistas. Están allí desde hace siglos, milenios. ¿O alguien se pensó que un fuego -malintencionado- iba a destruirlas?

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Y, de Sierra de Gata, no se van Luis, Miguel Ángel, José Luis, José Manuel, Jakki, Iván, Tito, Pedro, Óscar… Seguirán con sus complots en torno a una buena comida. Pensando qué pueden hacer por Sierra de Gata y cómo incluir a todos los serragatinos en un proyecto común. O mejor. Cómo convertir a más gente en serragatinos de adopción. Imagino que estos días sentirán un dolor horrible pero Trinidad, Paul, Óscar, Mamen, Carolina, Mikel, María Ángeles… no van a abandonar a su tierra. Se han levantado por ella antes de que los medios den por extinguido el fuego. Y estoy segura que la van a cuidar aún más.

¿Te sumas? Es el momento de visitar Sierra de Gata. Viajando hasta allí haces mucho por ella. Y, sinceramente, ella te lo devolverá con creces. Tú ganas.

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Y si vais a visitar la comarca, echadle un vistazo a este post.

 

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