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Arrecife de las Sirenas

Cabo de Gata, un destino al que volver

Más que un lugar, el Cabo de Gata es una emoción, un sentimiento. Porque el Cabo no se visita, del Cabo, una se enamora. Y por eso, a esta zona de Almería se acaba siempre volviendo. Se regresa a sus playas y a sus calas, se acude de nuevo a pasear por sus senderos, se vuelve a disfrutar de la gastronomía de sus pueblos. Lo que atrapa del Cabo de Gata es algo indescriptible, pero hay motivos más mundanos para visitarlo. Al menos, por primera vez.

En El Gallo que no cesa, hemos acudido en otoño, cuando las calas están prácticamente desiertas y es posible recorrer las calles de sus pueblos sin encontrarse un alma. Si queréis la versión sonora, lo tenéis en el enlace, si os apetece leer, seguid bajando.

¿Cómo es el Cabo de Gata?

El Cabo de Gata es una zona costera de la provincia de Almería salpicada de pequeños pueblos blancos y con paisajes volcánicos espectaculares. Es el destino ideal para relajarse en sus playas, para quedarse loca buceando o haciendo snorkel, para descubrir la cultura de la tapa, para observar aves, para alucinar con paisajes negros, rojos y ocres y para perderse por caminos que conducen a cortijos, acatilados, calas aisladas, faros o torres.

¿Se nota el origen volcánico de la zona?

Un paisaje de origen volcánico

Una de sus singularidades del Cabo es su paisaje. Estamos en una zona de origen volcánico que se formó hace unos 12 millones de años así que la geología es muy interesante. Si sabemos mirar, vamos a ver cráteres, dunas fósiles, chimeneas… Y si no sabemos nada de geología, podemos acercarnos hasta la Casa de los Volcanes, un centro de interpretación que nos habla tanto de lo que está en la superficie como de lo que ha quedado sumergido bajo el mar. Y también nos da información de las minas de oro de Rodalquilar.

Vida terrestre y marina

La geología del Cabo es muy particular, pero también su vegetación que ha tenido que adaptarse a las duras condiciones del terreno. Encontramos sobre todo arbustos como el romero o el esparto y chumberas, las invasoras pitas y los típicos palmitos.

Y si nos fijamos en la fauna, destacan las aves: garzas, ánades, flamencos… que desfilan delante de los prismáticos de los turistas que se ocultan en los observatorios ornitológicos, sobre todo en las casetas que hay en las salinas adonde acuden miles de aves.

Eso en la superficie, porque los fondos marinos del Cabo de Gata son alucinantes así que es un buen destino para los amantes del buceo. Además de ver accidentes geológicos provocados por el proceso volcánico como afloramientos magmáticos, grutas o cuevas, también hay una gran cantidad de especies animales, como bivalvos como la nacra, pulpos, cangrejos, meros… y posidonia. Gafas, botella y al agua.

Las salinas del Cabo de Gata

Calas para perderse

Si por algo es conocido el Cabo de Gata es por la belleza de sus calas y playas. Cada uno de los más de 50 kilómetros de litoral es bonito: se suceden los acantilados, los arrecifes, como el Arrecife de las Sirenas, y playas y calas.

Las hay urbanas como las de Aguamarga, Rodalquilar o San José, pero también hoy otras totalmente naturales a las que se llega después de caminar por senderos que atraviesan paisajes desérticos o volcánicos. Entre ellas destacan Mosul, Genevoses, los Escullos o la de san Pedro.

Después de unos cuantos saltos en Barronal, acabamos rebozados en arena negra. No se quitaba ni en el agua. Desde aquí, me cuenta mi hermana, que sale un sendero que lleva a la cala del Lance que tiene formaciones basálticas en medio.

El delicado equilibrio entre desarrollo y naturaleza

Una de las particularidades del Cabo de Gata es que se ha mantenido el equilibrio entre el desarrollo humano y el respeto por la naturaleza y esto, precisamente, es lo que reconoce el título de “Reserva de la Biosfera”.

No es la única figura de protección del Cabo de Gata. Es tan especial que no ha hecho más que “ganar títulos”: parque natural marino terrestre, Geoparque, Humedal de Importancia Internacional Las Salinas del Cabo de Gata, zona ZEPA…

Esta foto tiene trampa. Este verano hice un bautizo de buceo en Almería, aunque no en el Cabo de Gata. Tenía que poner este frame con mi hermana que es una pececilla. El artista es Alberto, mi cuñado :).

Un espacio con historia

Además de este lado natural, el ser humano se asentó en el Cabo hace siglos y esto se nota. Por aquí estuvieron los fenicios y los romanos. Tanto unos como otros explotaron los recursos naturales que les ofrecía la zona: pescaban, sacaban las rocas volcánicas para fabricar adoquines…

También dejaron su impronta los musulmanes que habitaron estas tierras durante siglos. De ellos hemos heredado el aprovechamiento del agua y encontramos restos de castillos y torres defensivas.

Más recientes son las minas de oro de Rodalquilar que fueron expltoadas en los siglos XIX y XX están hoy abandonadas. Su historia se puede descubrir en la Casa de los Volcanes. O las salinas, lugar fetiche para los amantes de la ornitología.

El arrecife de las Sirenas es uno de los enclaves con mayor protección del parque natural. Cuentan que los pescadores veían aquí sirenas, aunque parece ser que tan mágico lugar lo que tenía era focas monjes. ¡Anda que confundir sirenas con focas! Mucho mejor las segundas que son reales

Pequeños pueblos blancos

Los pueblos son otro de los grandes atractivos del Cabo de Gata. Son localidades de casas blancas, muchas de ellos de tradición pesquera con sus barquitas junto al mar y pequeños puertos. Aunque es cierto que han crecido con el turismo, conservan la tranquilidad y la belleza del pasado.

Entre los más bonitos se encuentran pueblos como San José, Rodalquilar, Las Negras o Las Hortichuelas. Aunque hay otros muy atractivos.

Recetas para chuparse los dedos

No solo en Gata, en toda Almería se come muy bien tapeando. Muchos de estos bocados están ligados a la tradición marinera y a la pesca artesanal, recetas hechas con productos del mar como el arroz caldúo, la cazuela de fideos o el arroz aparte.

Otros, toman como ingredientes los ingredientes del campo de Níjar. Son recetas tradicionales como el trigo, una especie de cocido con garbanzos, carne y patatas, los gurullos, una pasta con forma de grano de arroz que se combina con un guiso de carne y verdura, o las migas que, en Almería, utilizan harina en vez de pan y solo se cocinan los días lluviosos.

Tierra que inspira…

Esta zona de Almería, también ha sido un escenario de ficción tanto para la literatura como para el cine. La periodista y escritora Carmen de Burgos ambientó gran parte de su obra en Rodalquilar, de hecho, aquí estaba el Cortijo del Fraile, el lugar donde sucede la tragedia pasional que cuenta en Puñal de claveles y que inspiró a Lorca después para sus Bodas de sangre.

También ha sido escenario de películas western y de escenas de producciones como Cleopatra, En busca del arca perdida o Indiana Jones y la última cruzada.

Y volver…

Hay tal cantidad de lugares con encanto, muchos de ellos tan escondidos que ni la gente local los conoce. Como dice mi cuñado, profesor de buceo en el cabo de Gata y guía marino del parque natural, “tú puedes vivir muchos años en el parque y siempre hay un rinconcito, algún lugar que puedes descubrir”.

Continuar descubriendo el Cabo de Gata es uno de los motivos por los que se regresa una y otra vez al Cabo de Gata, pero hay otras razones, parafraseando a Blaise Pascal, que solo el corazón entiende.

¡Gracias a mi hermana y a mi cuña por enseñárnoslo tan bien! Teniendo casa cerca (qué suerte la mía), habrá que volver.

 

 

 

 

 

 

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